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mi hijo me pega

El día en que mi hijo me gritó y me pegó

Una historia de rabia y amor

La primera vez que mi hijo me gritó con ira, me sorprendió. El niño acababa de cumplir tres años. Y cuando justo después y con la misma rabia me pegó, no supe qué demonios hacer con aquello. Lloré apartando la cara, porque aunque en ese momento me sentía víctima, perdida e incapaz para guiarle, un resto de lucidez me hizo ver que lo importante del asunto no debía ser precisamente “mamá es frágil, no sabe qué hacer con esto y se derrumba ante mi enfado”.

El tema no estaba resuelto, y volvió. El niño, rabioso, me gritó y me mordió con fuerza en el brazo. Previamente, harta del tira y afloja cotidiano por dinamizar al niño que muchas veces no quiere salir de casa, con mi frustración por mi propia y tradicional dificultad para entrar en acción y salir al mundo exterior, había tirado del niño sentado en la encimera de la cocina, a donde trepa desde el sofá. Yo sabía que se caería sobre los cojines del sofá y no se iba a hacer daño, pero él vivió aquel forcejeo y la posterior caída al sofá como violencia. Su percepción no era errónea. Yo estaba rabiosa. Y con rabia reaccionó. En ese momento solo supe devolverle más violencia: le grité, le insulté y de mis brazos lo lancé sobre el sofá. Mi propia ira, mi propia violencia me quemaban. Sentía un fuerte impulso de darle un bofetón.

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Violaciones: Buscando las causas (y II)

¿Hablamos de permisividad o de represión sexual?

Ni la pornografía machista, ni las violaciones y abusos sexuales a mujeres, niños y niñas tendrían razón de ser si los hombres de hoy no estuvieran reprimidos sexualmente. ¿Reprimidos sexuales? ¿Pero el problema no era la permisividad y la falta de valores, o bien la testosterona y el éxito laboral de las mujeres, que según algunos dispara la agresividad de los hombres?

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El futuro es femenino

Salir del barro repartiendo fango: Feministas autoinmunes

Antes de calentar las yemas de los dedos, me siento obligada a puntualizar que soy feminista. La necesidad de esta justificación me hace pensar en otros tiempos, en los cadáveres de los disidentes y el fantasma de las represalias sobre los sectores críticos con un movimiento. Es verdad que en este caso los fiambres son metafóricos, y las represalias, sociales, pero no por eso dejan de ser algo atemorizantes.

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