Posts by Laura Alonso Ortega

rabieta niño

De niños insoportables y madres blandengues

En muchos ámbitos se considera que una “buena educación” incluye no permitir comportamientos desagradables de los niños. Pero ¿sabemos qué precio pagan los pequeños que deben reprimir la expresión de su ira?

Imaginemos un día de fiesta. Puede ser una reunión familiar o un encuentro campestre. Hay gentes grandes y pequeñas, movimiento, entretenimientos varios. Estamos felices, nos alegramos de ver a algunas personas a las que hacía tiempo que no veíamos, nuestro hijo pequeño tiene otros niños con los que jugar y todo apunta a que por fin vamos a poder charlar un rato sin tener que atender los interminables requerimientos de nuestro hijo.

Pero el pequeño tiene otros planes, para variar. No está conforme, reclama nuestros brazos constantemente. Maldita sea. “¿Por qué no juegas con esa niña? Mira, puedes hacer tal cosa”, le decimos. Y nos sumergimos con ansia en el universo adulto durante un minuto. Pero entonces, nuestro hijo vuelve. Está malhumorado, una niña que lo sigue insiste en relacionarse con él, y no se desanima cuando él pretende subirse a nuestros brazos. Intentamos que el pequeño acepte ser cogido de la mano por la niña, sin éxito. Probamos de nuevo a proponerle algo para que se entretenga, y empezamos a sentir cierto resentimiento hacia nuestro hijo: “podías estar jugando, y yo airear un poco, no sé por qué no aprovechas toda la diversión que tienes al alcance ahora mismo, que no me dejas ni respirar”.

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mi hijo me pega

El día en que mi hijo me gritó y me pegó

Una historia de rabia y amor

La primera vez que mi hijo me gritó con ira, me sorprendió. El niño acababa de cumplir tres años. Y cuando justo después y con la misma rabia me pegó, no supe qué demonios hacer con aquello. Lloré apartando la cara, porque aunque en ese momento me sentía víctima, perdida e incapaz para guiarle, un resto de lucidez me hizo ver que lo importante del asunto no debía ser precisamente “mamá es frágil, no sabe qué hacer con esto y se derrumba ante mi enfado”.

El tema no estaba resuelto, y volvió. El niño, rabioso, me gritó y me mordió con fuerza en el brazo. Previamente, harta del tira y afloja cotidiano por dinamizar al niño que muchas veces no quiere salir de casa, con mi frustración por mi propia y tradicional dificultad para entrar en acción y salir al mundo exterior, había tirado del niño sentado en la encimera de la cocina, a donde trepa desde el sofá. Yo sabía que se caería sobre los cojines del sofá y no se iba a hacer daño, pero él vivió aquel forcejeo y la posterior caída al sofá como violencia. Su percepción no era errónea. Yo estaba rabiosa. Y con rabia reaccionó. En ese momento solo supe devolverle más violencia: le grité, le insulté y de mis brazos lo lancé sobre el sofá. Mi propia ira, mi propia violencia me quemaban. Sentía un fuerte impulso de darle un bofetón.

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mi hijo se porta mal

Niño bueno, niño malo

¿Y si permitimos a los pequeños empezar a ser, más allá de las etiquetas?

Solo existen dos tipos de niñas y niños para el discurso oficial: están los retoños de los anuncios y luego están esos pequeños y odiosos tiranos carne de show televisivo o reformatorio. Los primeros, de pelo brillante y sonrisa perfecta, viven en los anuncios de chocolatinas con forma de huevo y merecen todos los cachivaches de plástico que las fábricas asiáticas sean capaces de producir. A los segundos, en cambio, hay que reducirlos a golpe (a veces literal) de castigos y presiones de todo tipo. Y si esto no da resultado, se declara la guerra fría o caliente, dependiendo de lo aceptado en cada hogar.

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La tonta desgracia de ser madre a jornada completa

El poder político pretende salvar a las mujeres de la crianza y que sigan siendo de las europeas que antes vuelven al tajo tras parir

Hay mujeres de todos los pelajes y prioridades vitales. Y gracias al feminismo hoy una mujer puede desempeñar casi cualquier puesto, casi cualquier trabajo, y con esta diversidad de posibilidades encauzar su energía en el plano profesional. Pero hay una cosa que una mujer no puede pretender si quiere mantener su valoración social. Hay una cosa proscrita por esta sociedad, y es que una mujer formada y con posibilidades profesionales pretenda criar a sus hijos a tiempo completo.

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Milanos aferrados al andamio

¿Qué puede pasar si aflojamos nuestras propias sentencias?

Durante años fui creyente practicante de opiniones. Y aunque sigo manejándolas, trato de bajar mi fabricación y consumo de sentencias dichas y pensadas, de ideales estratosféricos, de juicios, de “lo correcto es…” y de “hay que…”. El caso es que estos comprimidos de formulillas internas producen serios efectos secundarios, de ahí mi voluntad de desintoxicación.

Posiblemente coincidiremos en que resulta útil para el pensamiento estructurarse sobre opiniones. Y en que tampoco pretendemos dejar de tener nuestro punto de vista sobre el mundo. El nudo que tratamos de mirar aquí no está en tener sueños o valores, sino en la necesidad de que las demás personas piensen como nosotras y en cómo eso nos complica la vida.

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Violaciones: Buscando las causas (y II)

¿Hablamos de permisividad o de represión sexual?

Ni la pornografía machista, ni las violaciones y abusos sexuales a mujeres, niños y niñas tendrían razón de ser si los hombres de hoy no estuvieran reprimidos sexualmente. ¿Reprimidos sexuales? ¿Pero el problema no era la permisividad y la falta de valores, o bien la testosterona y el éxito laboral de las mujeres, que según algunos dispara la agresividad de los hombres?

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Violaciones: Buscando las causas (I)

La alfombrita de colores sobre la sima hacia el submundo

Yo también quiero contarlo. Tengo la suerte de no haber sufrido una historia de violación en el sentido judicial de la palabra, pero sí he vivido varias situaciones de abuso, desde algo tan aparentemente banal como un beso hasta relaciones humillantes donde dije “no”. Visibilizar estas situaciones y atrevernos a buscar su origen es ineludible si queremos afrontar lo que nos duele, en este caso toda la gama de violencias sexuales que nos inquietan.

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El Patriarcado también está dentro: El hilo de la dominación

El día en que las mujeres sacaron el feminismo a la calle, rugió como nadie se esperaba. Ha sido bonito encontrarse, abrazarse, sentirse fuertes juntas. Pero si nos quedamos en la autocomplacencia tras el “subidón” del encuentro en las plazas no vamos a avanzar más allá, y creo que hay puntos ciegos que podemos mirar juntas. En los pueblos y capitales de este maltrecho país ha entrado en acción una inteligencia colectiva potente pero que en cierta medida actúa como un engranaje que gira loco. El mecanismo está desconectado del pesado motor que allí abajo, en el sótano de cada una, dirige inconscientemente nuestros pasos por los trayectos cotidianos del Patriarcado menos evidente.

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Grace O'Malley. Ilustración de Kathrin Honesta

La Revolución de las hijas

Es momento de dejar de rendir pleitesía a la corona de espinas de nuestras progenitoras

Cada vez encuentro más mujeres y hombres de mi generación (entrados los treinta y de ahí a los cuarenta largos) que se entusiasman con la idea de un innovador proyecto museístico de madres disfuncionales. Mi madre, por supuesto, es perfecta, y la del lector también. Aquí no vamos a hablar de ellas en concreto, sino de esas otras madres que acumulan méritos para el museo, madres en abstracto, mujeres con sus luces y sus sombras, desconocidas, y sin embargo tremendamente cercanas.

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Crías humanas listas para competir: La doctrina unánime

Fue mientras pelaba zanahorias para echar a los garbanzos y entretenía la tarea recuperando la pelota de pimpón que cada tanto mi hijo de dos años colaba bajo los muebles de la cocina. Allí, entre los pulgos naranjas, asomó la palabra “bebés” y el destacado de un artículo que me encorvó sobre la encimera: “todo el mundo está de acuerdo en que este tramo escolar debe ser etapa educativa y no asistencial”. Parecía claro, pero a mí no dejaba de inquietarme: ¿Podía ser que esa etapa “educativa” se refiriese a los bebés? ¿Y cómo podía ser que todo el mundo estuviera de acuerdo en esa aberración?

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